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Financiación

Hay un momento en el que hay que afrontar las deudas

Cuando pedimos préstamos para pagar otros préstamos, la pelota se hace cada vez más grande. Conocer nuestras deudas y establecer prioridades puede ser el primer paso para recuperar el control.

22 de octubre de 20264 min de lectura
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Hombre preocupado revisando facturas, préstamos y deudas pendientes en su domicilio.

Hay personas que esperan con alivio la llegada del viernes. No porque tengan grandes planes para el fin de semana, sino porque durante un par de días dejarán de sonar las llamadas de los bancos, las financieras y las empresas de recobro. Pero llega el domingo por la tarde y vuelve la preocupación. El lunes está demasiado cerca.

A veces todo comienza con un préstamo que podemos pagar sin dificultad. Después llega otro para afrontar un gasto imprevisto, una tarjeta de crédito para llegar a final de mes y, cuando nos damos cuenta, estamos pidiendo préstamos para pagar otros préstamos, utilizando tarjetas para cubrir cuotas o sacando dinero de una para pagar otra. La pelota se va haciendo cada vez más grande y lo que parecía una solución acaba convirtiéndose en un problema.

Y entonces aparece el cajón. Ese donde guardamos las cartas del banco sin abrir, los recibos pendientes y las reclamaciones que preferimos no mirar. Dejamos de atender llamadas y evitamos consultar las cuentas. No porque no nos importe, sino porque enfrentarnos a todo ello produce angustia.

Pero los problemas no desaparecen por encerrarlos en un cajón. Mientras tanto, pueden seguir acumulándose intereses, gastos y reclamaciones. Y llega un momento en el que ni siquiera sabemos con certeza cuánto debemos ni a quién.

Todo se nos hace una montaña. Una montaña que parece cada día más alta y que no sabemos por dónde empezar a subir.

Lo que sí sabemos es que esa montaña no se supera cerrando los ojos, sino empezando a conocer el terreno que pisamos. Y muchas veces, cuando ponemos todas las deudas sobre la mesa, descubrimos que existen caminos que ni siquiera habíamos considerado.

El primer paso es conocer cuánto debemos, a quién, qué cuotas podemos atender y cuáles han dejado de pagarse. Pero hay algo todavía más importante: no todas las deudas deben gestionarse de la misma manera ni con la misma urgencia. No es lo mismo una hipoteca sobre nuestra vivienda que una tarjeta de crédito, un préstamo personal o una deuda que ya se encuentra en reclamación judicial. Algunas requieren actuar inmediatamente; otras permiten negociar con mayor margen. Y equivocarse en las prioridades puede complicar todavía más las cosas.

En ocasiones será posible negociar con los acreedores, reorganizar pagos o alcanzar acuerdos. En otras habrá que estudiar alternativas diferentes, incluida la Ley de Segunda Oportunidad cuando se cumplan sus requisitos. Lo importante es dejar de improvisar y empezar a tomar decisiones con conocimiento.

En GESINDER contamos con más de 25 años de experiencia en el sector bancario. Conocemos cómo funcionan las entidades financieras y sabemos que detrás de cada deuda hay circunstancias personales que merecen ser escuchadas. Por eso estudiamos cada situación en su conjunto, valoramos los riesgos y buscamos posibles vías de negociación, con discreción y sin prometer soluciones milagrosas.

Si las deudas están condicionando tu tranquilidad, tu descanso o tu vida familiar, quizá haya llegado el momento de abrir ese cajón.

Porque la pelota puede dejar de crecer. Y una montaña, por grande que parezca, se empieza a superar dando el primer paso.

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